Nací en Villarrobledo (Albacete). Vivo en Cobisa (Toledo). Soy psicólogo y escritor. He publicado en las revistas ESQUIRE, HERMES y CUATRO CALLES. Soy coautor de planes y guías sobre salud Mental, prevención de suicidio... Llevo publicados: • MUSA, DECIR TU NOMBRE y LA CONFERENCIA DE LA MUERTE(novelas) . BARRER LA CARRETERA (relatos) • ÁNGELES AL DOBLAR LA ESQUINA (poesía). Entre otros PREMIOS tengo los internacionales GABRIEL MIRÓ, UNICAJA y Universidad de Jaén. Mi correo: galindo.e@gmail.com
martes, 14 de diciembre de 2010
viernes, 22 de octubre de 2010
Acto con Manuel Rivas y ASPAC
jueves, 27 de mayo de 2010
PRIMER PREMIO AMIGOS DO CAMIÑO DE SANTIAGO
(Inicio del relato:
CONTIGO AL FIN DEL MUNDO
“... e pese a todo
levo na boca o verso dos vencidos ”
Xosé Carlos Caneiro
El autobús paró su motor. Mi cuerpo dejó de vibrar y la hilera de pasajeros inició el lento descenso que antecede la recogida de equipajes, entre los que había algunas mochilas con conchas y cruces santiaguesas. Yo aún no tenía asumido mi condición de andariego que debutaba esa jornada. Era veintisiete de mayo, todavía lejos los calores del verano. No es que fuera mi deseo hacer el Camino, pero el deber me impulsaba. La palabra siempre se cumple, y más si se pronuncia ante un lecho de muerte. El chofer ya había sacado mi mochila, sin conchas, y con una breve sonrisa me deseó suerte. Pienso que su gesto fue al reconocer los útiles corrientes y el atuendo de los peregrinos, más si la estación es la de O Cebreiro, en el Camino Francés.
Emprendí el camino como una misión que llevar a su fin, aunque no sabía si la odisea tendría retorno. Cuando la muerte pasa una vez tan cerca, y se queda a dormir en el equipaje, ya es una compañera más de alientos y desalientos. Y yo, anfitrión preciado, la invito a quedarse compartiendo queso y zapatillas.
Con la sonrisa del conductor (que no devolví) busqué el primer café con leche del día. Desde aquí sólo quedan 150 kilómetros para Santiago. A una media, aterrante para un sedentario, de 25 kilómetros, serían seis jornadas. Miré en la guía que había comprado, en una librería de Madrid, el santuario de Santa María la Real, origen prerrománico, la iglesia más antigua del Camino Francés. El manual incluía una lista de objetos litúrgicos en su interior, pero no decía nada de mi dolor.
Llegar a cualquier parte se comienza con un único paso y, con la vara recta pasándome y avíos a la espalda, lo di tras tocar en el bolsillo la moneda, invocando a la suerte. Miré el dibujo de la ruta y no pude evitar percibir la hoja del encefalograma de mi vida en los siguientes días. Y la memoria, esa traidora impertinente, me llevó al pié de la cama a leer, una y otra vez, el electro de Marta. Mis pasos me transportan otra vez por los senderos de las líneas de la muerte y de la vida, sólo que esta vez la escritura es más larga y los renglones de polvo y asfalto.
Desde la altura de la aldea dominé el tiempo del mundo. El camino auguraba bajadas, pero si había pendientes que bajar, también las tendría que remontar. Prometía un viaje convidado en el carrusel de la vida.
Emprendí el camino como una misión que llevar a su fin, aunque no sabía si la odisea tendría retorno. Cuando la muerte pasa una vez tan cerca, y se queda a dormir en el equipaje, ya es una compañera más de alientos y desalientos. Y yo, anfitrión preciado, la invito a quedarse compartiendo queso y zapatillas.
Con la sonrisa del conductor (que no devolví) busqué el primer café con leche del día. Desde aquí sólo quedan 150 kilómetros para Santiago. A una media, aterrante para un sedentario, de 25 kilómetros, serían seis jornadas. Miré en la guía que había comprado, en una librería de Madrid, el santuario de Santa María la Real, origen prerrománico, la iglesia más antigua del Camino Francés. El manual incluía una lista de objetos litúrgicos en su interior, pero no decía nada de mi dolor.
Llegar a cualquier parte se comienza con un único paso y, con la vara recta pasándome y avíos a la espalda, lo di tras tocar en el bolsillo la moneda, invocando a la suerte. Miré el dibujo de la ruta y no pude evitar percibir la hoja del encefalograma de mi vida en los siguientes días. Y la memoria, esa traidora impertinente, me llevó al pié de la cama a leer, una y otra vez, el electro de Marta. Mis pasos me transportan otra vez por los senderos de las líneas de la muerte y de la vida, sólo que esta vez la escritura es más larga y los renglones de polvo y asfalto.
Desde la altura de la aldea dominé el tiempo del mundo. El camino auguraba bajadas, pero si había pendientes que bajar, también las tendría que remontar. Prometía un viaje convidado en el carrusel de la vida.
(...)
ARAR O MAR (1er. Premio "Rosa de Cen Follas")
Arar no mar,
deixar fenda aberta a penas rematada,
sen leve mácula,
sen pegada percibida
no reino das algas.
Arar o mar,
cinguir a lanza erecta e afundila na
escuma verdeazul do universo,
sen froito, sen presa, sen suxeito.
Como o vento na lúa.
Como o lume no astro.
Arar o mar.
Procurar comprender quen somos,
-nós, tan pequnos, tan humanos-,
e por que a guerra abate ó home
e por que un sismo anula ó home
e por que un abismo separa ó homeda súa sombra.
O home ara e ara,
tempo a tempo,
cara a cara coa morte,
co tempo,
o mar.
--- ---- ----Traducción:
Arar en el mar /dejar resquicio apenas terminado, /sin leve mácula, sin huella percibida /en el reino de las algas.Arar el mar /ceñir la lanza erecta y hundirla/ en la espuma verdiazul del universo,/ sin fruto, sin presa, sin sujeto.Como el viento en la luna./ Como el fuego en el astro./ Arar el mar.Intentar comprender quienes somos,/ -nosotros, tan pequeños, tan humanos,-/ y porqué la guerra abate al hombre/ y porqué un seismo anula al hombre / y porqué un abismo separa al hombre / de su sombra.El hombre ara y ara,/ tiempo a tiempo,/ cara a cara con la muerte,/ con el tiempo,/ el mar.
deixar fenda aberta a penas rematada,
sen leve mácula,
sen pegada percibida
no reino das algas.
Arar o mar,
cinguir a lanza erecta e afundila na
escuma verdeazul do universo,
sen froito, sen presa, sen suxeito.
Como o vento na lúa.
Como o lume no astro.
Arar o mar.
Procurar comprender quen somos,
-nós, tan pequnos, tan humanos-,
e por que a guerra abate ó home
e por que un sismo anula ó home
e por que un abismo separa ó homeda súa sombra.
O home ara e ara,
tempo a tempo,
cara a cara coa morte,
co tempo,
o mar.
--- ---- ----Traducción:
Arar en el mar /dejar resquicio apenas terminado, /sin leve mácula, sin huella percibida /en el reino de las algas.Arar el mar /ceñir la lanza erecta y hundirla/ en la espuma verdiazul del universo,/ sin fruto, sin presa, sin sujeto.Como el viento en la luna./ Como el fuego en el astro./ Arar el mar.Intentar comprender quienes somos,/ -nosotros, tan pequeños, tan humanos,-/ y porqué la guerra abate al hombre/ y porqué un seismo anula al hombre / y porqué un abismo separa al hombre / de su sombra.El hombre ara y ara,/ tiempo a tiempo,/ cara a cara con la muerte,/ con el tiempo,/ el mar.
ASÍ ABAJO COMO ARRIBA
La imagen onírica entró limpia y clara. Nada de brumas y cenizas. «00006» era el dígito augurado por la suerte. Quedaban escasos días para conseguirlo (a cualquier precio y sobre todas las cosas que se interpusieran en su camino). Sería él quien se reiría de Pedro, siempre burlándose con que confundía arriba con abajo. Demostraría de forma fehaciente que estaban equivocados, que su status quo pasaría al lugar que le correspondía en el eslabón superior de la cadena. Pasado el día 22, él estaría arriba y el pseudoamigo debajo. Consiguió cuatro números (40 décimos) entre «doña Manolita» y «La Bruja de Oro», de Sort.
Se sentó, matasuegras en mano y botella de cava, delante del televisor. Su sonrisa se quebró al escuchar el nombre del Gordo: «90000».
(De "66 y 6") Emitido por RNE con motivo del Día del Libro 2009)
Se sentó, matasuegras en mano y botella de cava, delante del televisor. Su sonrisa se quebró al escuchar el nombre del Gordo: «90000».
(De "66 y 6") Emitido por RNE con motivo del Día del Libro 2009)
"MATER FEMINUS" (Inicio)
Trajeron al niño los familiares. A la madre la tuvieron que arrastrar y dejó jirones de sus ropas entre barro y piedras. Cuatro de los ayudantes, además del comisario, fueron necesarios para hacer presentes a los reos ante la defensa de la fe que Nos representamos. El niño, ese demonio viviente, fue porteado por los pies por uno de los guardias, mientras que otros dos sujetaban los brazos. La cabeza colgaba oscilante, flagelando el aire y a los agentes. La madre aullaba como perra, parca en fuerzas. Tenía la tez rojiza, tal vez debida al calor que promueve el trato con seres infernales, causa de su presencia ante este alto Tribunal.
La mujer quedó derrotada en el suelo cuando la soltaron. Los familiares se amasaron los brazos, necesitados de recobrar la sangre dormida en el esfuerzo, pero no se retiraron, prestos al amarre si fuera preciso. Con la criatura solo se pudo tumbarlo en las piedras frías, sin soltarle los miembros y con la cabeza presa por dos guardias. Esperamos todos con la tensión sobre la frente hasta que el cansancio dio lugar al lamento y los gritos se apaciguaron; al menos los de los presos, no así los jadeos de los guardianes que esa jornada si se ganaron el salario.
Hace ya tiempo, tanto que no recuerdo bien ese día, que golpeó el aldabón de la puerta y dos voces machunas lo acompañaron. “Abra al Santo Oficio. Abran a la Justicia.” Si mi cuerpo hubiera sido de sal, seguro que habría podido hablar, o correr, o disolverse, pero no pudo; el impacto fue tan imprevisto que permanecí petrificada, mirando sin ver la tranca de la puerta. En mi cabeza esas voces, lo que decían, era la señal de todos los horrores que había escuchado contar acerca de esos clérigos. Nunca pensé que pudiera temer nada de ellos y a la vez me temblaban las carnes por si pudiera ocurrirnos a nosotros una aparición de esa índole. Es como el propio demonio: todos sabemos de su existencia y actos, pero cada cual creemos estar lejos de su aliento, a la vez que lo tememos tal que comiese en el mismo plato. Y allí estaban las voces rotundas, los golpes querían derribar la puerta, así que, como quien ve la nieve lenta caer, abrí. Cuatro familiares, o cuatrocientos me parecieron, con sus alabardas y rostros enjutos se hicieron presentes en una fuerte patada a la puerta y el empujón en el pecho que me tiró de espaldas contra el suelo. Fue el primero de los dolores.
(publicado: "NUEVAS LEYENDAS TOLEDANAS": Editorial Ledoira. Grupo literario Arrendajo. Toledo. 2007)
La mujer quedó derrotada en el suelo cuando la soltaron. Los familiares se amasaron los brazos, necesitados de recobrar la sangre dormida en el esfuerzo, pero no se retiraron, prestos al amarre si fuera preciso. Con la criatura solo se pudo tumbarlo en las piedras frías, sin soltarle los miembros y con la cabeza presa por dos guardias. Esperamos todos con la tensión sobre la frente hasta que el cansancio dio lugar al lamento y los gritos se apaciguaron; al menos los de los presos, no así los jadeos de los guardianes que esa jornada si se ganaron el salario.
Hace ya tiempo, tanto que no recuerdo bien ese día, que golpeó el aldabón de la puerta y dos voces machunas lo acompañaron. “Abra al Santo Oficio. Abran a la Justicia.” Si mi cuerpo hubiera sido de sal, seguro que habría podido hablar, o correr, o disolverse, pero no pudo; el impacto fue tan imprevisto que permanecí petrificada, mirando sin ver la tranca de la puerta. En mi cabeza esas voces, lo que decían, era la señal de todos los horrores que había escuchado contar acerca de esos clérigos. Nunca pensé que pudiera temer nada de ellos y a la vez me temblaban las carnes por si pudiera ocurrirnos a nosotros una aparición de esa índole. Es como el propio demonio: todos sabemos de su existencia y actos, pero cada cual creemos estar lejos de su aliento, a la vez que lo tememos tal que comiese en el mismo plato. Y allí estaban las voces rotundas, los golpes querían derribar la puerta, así que, como quien ve la nieve lenta caer, abrí. Cuatro familiares, o cuatrocientos me parecieron, con sus alabardas y rostros enjutos se hicieron presentes en una fuerte patada a la puerta y el empujón en el pecho que me tiró de espaldas contra el suelo. Fue el primero de los dolores.
(publicado: "NUEVAS LEYENDAS TOLEDANAS": Editorial Ledoira. Grupo literario Arrendajo. Toledo. 2007)
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